Revista Campo para Todos N° 195 – Junio 2024

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¿Qué es un buen forraje en Santiago del Estero?

En un artículo publicado anteriormente en esta revista, comentamos que para que la ganadería vacuna impacte en el desarrollo de la provincia hay que aumentar la oferta de forraje. Pero: ¿Qué es forraje? ¿Qué es un buen forraje para Santiago del Estero?

Por: Ing. Agr. Carlos Kunst PhD. Consultora El Garabato

Un paso nativo «mediano»: Aristida mendocina, en descanso. Obsérvese las hojas enruladas.

Definición de forraje

Una definición es que son «las plantas o partes de plantas que son consumidas por vacunos, caprinos, ovinos, equinos y fauna silvestre». Los vacunos, dentro de sus órganos digestivos, poseen el rumen, que es una cuba de fermentación donde los alimentos como los pastos son descompuestos por microorganismos (bacterias, hongos, etc.). Es decir, los pastos y otras plantas  no son los alimentos reales que le suministran energía al vacuno, sino que los verdaderos alimentos son los productos de la fermentación microbiana en el rumen. Se producen gases, entre ellos el metano, que es considerado contaminante, y que son expelidos mediante el eructo.

Características de un «buen» forraje.

En la práctica, un forraje debe poseer cantidad, calidad y ser palatable. Debe estar además estar accesible para el ganado. Esta última característica es muy importante para Santiago del Estero.

  1. La cantidad de un forraje cualquiera se «mide» en kg/ha de materia seca. Básicamente, el forraje es biomasa vegetal, pero no toda la biomasa vegetal es forraje. Debido a características propias de las plantas, un kilo de hojas no es similar a un kilo de tallos. En el mundo real, las plantas poseen distinta proporción de hojas y tallos y la proporción entre ambas varía de acuerdo a aspectos intrínsecos de las plantas y su fenología. Un «buen» pasto, por ej., debe tener la capacidad de producir «mucha» biomasa. Eso quiere decir que los vacunos no deberían caminar demasiado para encontrar alimento. Un indicador paralelo de la cantidad potencial de forraje es la densidad de plantas: a mas plantas, mas biomasa vegetal. En el concepto de «oferta de forraje» la cantidad debe ser ajustada por la calidad y la palatabilidad.
Un pasto nativo «alto»: simbol, Cenchrus pilcomayensis (sinónimo Pennisetum frutescens) en la zona de Malbrán, Sgo. del Estero. Obsérvese las cañas florales.
  1. La «calidad» de las plantas desde un punto de vista ganadero se mide a través de análisis de laboratorio y muestras del alimento. Una explicación del proceso de análisis escapa al alcance de este artículo. A los efectos prácticos, la cantidad de proteína es un indicador básico de la calidad del forraje. Los tejidos vivos, el «verde» de los pastos especialmente, que es un buen indicador de la calidad de los pastos debido a la mayor proporción de tejido vivo.

Los tallos tienen mayor proporción de carbohidratos estructurales (fibra) y por lo tanto menor calidad que las hojas. Plantas jóvenes tienen mayor proporción de hojas, mientras que las plantas viejas mayor proporción de tallos, Todas estas indicaciones señalan la calidad de la biomasa. Un umbral de 9% de proteína bruta es el mínimo de calidad que requieren vacunos jóvenes y es un buena referencia para emplear en condiciones de campo.

  1. Palatabilidad y preferencia animal. Esta característica se refiere a la cualidad de ser grato al paladar del animal. Es muy importante en pasturas compuestas por distintas formas de vida y especies, como es el caso de las pasturas naturales en Santiago del Estero. Es difícil de definir porque esta influenciada por la fisiología del animal, la disponibilidad de la especie vegetal, la presencia de otras especies y otros factores. El Gatton panic, especie de origen africano muy común en Santiago del Estero, es una especie muy palatable, y es muy preferida por los vacunos.

En el contexto de Santiago del Estero, un buen forraje es aquel que «produce» mucha biomasa, tiene buena calidad y palatabilidad. El gatton panic es buen ejemplo de ello. En el caso de la especies nativas, la preferencia animal permite clasificarlas en deseables, intermedias e indeseables.

Pastos altos y pastos bajos

La altura de los pastos es otra cualidad de estos que afecta la preferencia animal. En general, hay pastos altos (altura a la floración superior al metro, ej. simbol), medianos (entre 1 y 0,50 m, ej. Grama rhodes) y bajos (0,10-0,30 m, ej. gramilla). Los pastos cortos, que poseen pocas cañas o las mismas son flexibles, son mas palatables que las otras dos clases.

Un pasto nativo «corto», Pappophrum caespitosum, en la zona de Ojo de Agua. Se observa que todas las matas están consumidas «al ras», sugiriendo una alta palatabilidad.

El factor de uso

En las estimaciones de carga animal posible, es importante conocer cuanto «forraje» está disponible. Algo de tejido vegetal debe quedar en la planta consumida para permitir el rebrote. Ese aspecto se incluye en la estimaciones de carga a través del concepto «toma la mitad y deja la mitad»: es decir que el factor de uso debe ser 50 %. Ello significa que si la cantidad de forraje es de 3000 kg/ha, un pastoreo moderado debe dejar 1500 kg/ha, como referencia. Ese remanente no es una pérdida: contribuye a la sustentabilidad de la pastura y del ecosistema. El factor de uso es equivalente a la «altura del puño» en verdeos anuales.

La accesibilidad al forraje y la «altura de escape al diente».

El forraje no está nunca un 100 % disponible en las pasturas. Las «cañas» florales de las plantas, y principalmente las ramas de leñosas limitan el acceso del vacuno al forraje. Al animal no le gusta «pechar» o pincharse el hocico para obtener su alimento, salvo que esté estresado. Verticalmente, la altura mínima de escape en 4-5 cm, mientras que la máxima es 1,2 m aproximadamente.

Relación entre altura y factor de uso para una planta forrajera, ej. Aristida mendocina, especie muy común en sabanas de la región chaqueña. Cuando se observa que el remanente o rastrojo está cerca de los 6-9 cm, es conveniente retirar los animales y pasarlos a otro potrero.

Las leñosas y el forraje,
Las leñosas son un componente natural del ecosistema santiagueño, Ofrecen como forraje ramones (ramitas con brotes verdes y frutos). El ganado caprino consume principalmente este recurso  forrajero pero son también muy valiosos para el vacuno.  Se debe tener en cuenta que todos los conceptos anteriores son válidos para el forraje de origen leñoso.

Implicancias para el manejo del rodeo

El aumento en el número de cabezas debe considerar todos los aspectos anteriores. El más básico es la cantidad de biomasa y forraje. Satisfacer esa necesidad es el objetivo del ganadero. El vacuno actúa como una cosechadora de biomasa: de nada vale cambiarla si no hay nada para cosechar.

Armonizar las necesidades alimenticias del rodeo, incluida el agua de bebida es la base de la ganadería moderna y racional. La oferta de forraje se materializa a través de la cadena de pastoreo, que es una planificación anual de las pasturas (potreros) adonde se va destinar el rodeo. El proceso se acompleja cada vez más porque incluye aspectos climáticos y aspectos fisiológicos de los animales. En próximos artículos se presentarán mas detalles como el inventario de pasturas de un establecimiento, que es la base para el desarrollo de la primera.

Publicado en Revista Campo para Todos N° 180 ©

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