En Santiago del Estero, alumnos de la EFA Avellaneda transforman el fruto del monte en aprendizaje y producción. La elaboración de mermelada de tuna se convierte en una experiencia educativa que une tradición, innovación y compromiso comunitario.

En el departamento Avellaneda, en Santiago del Estero, la Escuela de la Familia Agrícola (EFA) se convierte en un verdadero laboratorio de aprendizaje y producción. Allí, los estudiantes llevan adelante una experiencia que combina educación, trabajo y compromiso comunitario: la elaboración artesanal de mermelada de tuna, fruto característico del monte santiagueño.

La iniciativa es desarrollada íntegramente por los propios alumnos como parte de sus prácticas formativas. Desde la recolección del fruto hasta el envasado final, los jóvenes participan activamente en cada etapa del proceso, incorporando conocimientos sobre el aprovechamiento de los recursos naturales y el agregado de valor a los productos regionales. El monte se transforma en aula y la tuna en oportunidad.

Este tipo de proyectos no solo fortalece la formación agropecuaria que brinda la institución, sino que también fomenta la responsabilidad, el trabajo en equipo y el espíritu emprendedor. A través de la producción de mermeladas, los estudiantes descubren que los frutos del monte pueden convertirse en alimentos elaborados y en alternativas productivas para sus comunidades, abriendo puertas a la economía social y al desarrollo local.

Los docentes destacan que estas experiencias prácticas son fundamentales para el crecimiento de los jóvenes, ya que les permiten vincular los contenidos aprendidos en el aula con actividades concretas del ámbito rural. La teoría se convierte en práctica y la práctica en cultura productiva. De este modo, los alumnos se capacitan en procesos que forman parte de la realidad económica y cultural de la región, preparándose para ser protagonistas de un futuro más sustentable.
La producción de mermelada de tuna es mucho más que una actividad escolar: es una herramienta educativa que impulsa a los estudiantes a ser actores de su propio aprendizaje, promoviendo una cultura del trabajo y del aprovechamiento responsable de los recursos del monte santiagueño. En cada frasco elaborado se refleja no solo el sabor de la tierra, sino también el esfuerzo, la creatividad y la esperanza de una generación que aprende haciendo.
Por: Christian Emanuel Andrada – Revista Campo para Todos








