Revista Campo para Todos N217 – Abril 2026

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El herbicida 2,4-D: Un enemigo del cultivo de algodón

Revista Campo para Todos entrevistó al Ing. Agr. Mario Mondino, especialista de la EEA – INTA Santiago del Estero, para conocer los efectos del herbicida 2,4-D en el cultivo de algodón y las causas del daño.

Mario Mondino

Un problema recurrente en las campañas algodoneras

Cada campaña algodonera en Santiago del Estero y otras provincias productoras enfrenta una problemática recurrente: los daños provocados por herbicidas hormonales, principalmente el 2,4-D, en los cultivos de algodón.
“El 2,4-D es ampliamente utilizado por su eficacia y bajo costo en el control de malezas de hoja ancha en cultivos de gramíneas como el maíz, sorgo, trigo y avena. Sin embargo, también representa un peligro para cultivos sensibles como el algodón, el tomate, el girasol y la vid, entre otros”, explica el Ing. Agr. Mario Mondino.


Este herbicida pertenece al grupo de los fenoxi derivados y es de acción sistémica, lo que significa que, una vez aplicado, penetra en la planta y se transporta rápidamente a través de sus tejidos. “Esta propiedad lo hace muy eficiente contra malezas, pero también permite que residuos mínimos del producto causen efectos devastadores en cultivos vecinos no objetivo”, detalla Mondino.

Cómo se genera el daño en el algodón

El problema se agrava debido a la técnica de barbecho químico utilizada en la siembra directa. “En este sistema, el 2,4-D se combina con glifosato para eliminar malezas previas a la implantación de cultivos de verano. Esto genera una alta incidencia de fitotoxicidad por deriva física de la pulverización o volatilización del herbicida”, sostiene el especialista.
A este uso se agrega la aparición en el mercado argentino de sojas tolerantes al 2,4-D que, al ser aplicados en la oleaginosa para el control de malezas resistentes, causa severos daños en cultivos sensibles debido a las derivas causadas por una mala aplicación.

Los síntomas en las plantas de algodón son fácilmente identificables. “Las hojas nuevas aparecen deformadas, delgadas y con márgenes ondulados. Este efecto, conocido como crecimiento epinástico, retrasa el desarrollo de la planta y afecta su capacidad de producir frutos”, indica Mondino. Dependiendo de la dosis recibida y del momento en que ocurrió la exposición, las consecuencias pueden ir desde una leve disminución en el rendimiento hasta pérdidas superiores al 60%.
Otro herbicida hormonal utilizado en la zona de riego es el 2,4-DB, aplicado en cultivos de alfalfa. “A veces los productores creen que este producto no afecta al algodón, pero los efectos negativos son prácticamente los mismos que el 2,4-D”, advierte Mondino.

Cápsulas extraídas de la misma posición de plantas afectadas (izquierda) y de plantas no afectadas (derecha)

Las causas del daño

El especialista enumera las posibles fuentes de daño en los cultivos de algodón:

  • Aplicación por error: Aunque poco probable debido a su olor característico y correcta identificación, en algunos casos el 2,4-D podría ser aplicado por equivocación.
  • Contaminación del equipo pulverizador: “Los residuos de 2,4-D o 2,4-DB pueden permanecer adherido a las cañerías y depósitos en el equipo si no se realiza una limpieza adecuada, afectando los cultivos”, explica Mondino. Para evitarlo, recomienda vaciar completamente el equipo, cambiar los picos y filtros y lavar a fondo con amoníaco o productos específicos antes de volver a usarlo en algodón.
  • Deriva del herbicida: Este fenómeno ocurre cuando el herbicida se desplaza a través del aire hacia áreas no objetivo y puede clasificarse en:

Deriva física por viento: “Las gotas de pulverización pueden ser transportadas por el viento si la velocidad es alta, las gotas son pequeñas o el botalón de aplicación está muy elevado”, señala Mondino.

Deriva por volatilización: Aquí el herbicida cambia de fase líquida a gaseosa y se traslada grandes distancias. “Es común en formulaciones de éster, especialmente con altas temperaturas y suelos húmedos. Se han registrado desplazamientos de hasta 10 km”, advierte.

Las aplicaciones aéreas generan mayor riesgo de deriva que las terrestres. “La pulverización aérea libera gotas más finas y genera turbulencia. Para evitar daños, es fundamental usar formulaciones de 2,4-D con baja volatilidad y aplicar los productos bajo condiciones climáticas controladas”, enfatiza Mondino.

Cómo mitigar el problema

“El uso de herbicidas hormonales sigue siendo una herramienta clave en la agricultura, pero su aplicación requiere precauciones”, sostiene Mondino. La limpieza adecuada de los equipos, la elección de formulaciones menos volátiles y la aplicación en condiciones climáticas óptimas son esenciales para minimizar el riesgo de daño en el algodón y otros cultivos vecinos.
Finalmente, el especialista recomienda fortalecer la educación sobre los efectos de estos agroquímicos y promover buenas prácticas de aplicación. “El desafío de los productores es encontrar un equilibrio entre el control eficiente de malezas y la protección de cultivos sensibles. Con conocimiento y precaución, es posible minimizar los daños”, concluye.

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