En los alrededores de Los Juríes, en pleno sudeste santiagueño, una escena sorprendió incluso a productores con décadas de experiencia: durante la cosecha de soja, el suelo comenzó a moverse bajo el paso de las máquinas como si fuera un enorme flan.

La postal se registró en un lote agrícola de la zona de Lote 53, donde las abundantes lluvias acumuladas en los últimos meses dejaron una marca profunda en el paisaje productivo. Debajo de una superficie aparentemente seca, el agua permanece atrapada, generando un fenómeno poco frecuente que convierte al suelo en una especie de colchón flotante.
Para quienes viven en el interior santiagueño, la situación refleja las dos caras del clima. Meses atrás la preocupación era la falta de agua; hoy el desafío es exactamente el contrario. El exceso hídrico condiciona cada movimiento, cada decisión y cada jornada de trabajo.

En Los Juríes, Bandera y otros puntos del departamento General Taboada, las cosechadoras avanzan con extrema precaución. Un descuido puede significar quedar atrapados en el barro o sufrir demoras que compliquen aún más una campaña ya condicionada por el clima.
Los caminos rurales también muestran las consecuencias. En algunos sectores, el tránsito se vuelve difícil y los productores deben redoblar esfuerzos para sacar la producción de los campos. Las conversaciones en galpones, estaciones de servicio y cooperativas giran alrededor de un mismo tema: cómo seguir trabajando cuando la tierra parece perder consistencia bajo las ruedas de la maquinaria.

Pero si algo caracteriza al interior santiagueño es su capacidad de adaptación. A pesar de las dificultades, las máquinas continúan trabajando y los productores siguen buscando alternativas para avanzar con la cosecha. La experiencia les enseñó que en el campo ninguna campaña es igual a la anterior y que cada temporada trae nuevos desafíos.
La imagen del suelo ondulándose al paso de una cosechadora quedará como una de las postales más impactantes de esta campaña agrícola. Una escena tan llamativa como preocupante que refleja el enorme impacto que tuvieron las lluvias en el sudeste de Santiago del Estero.
Desde Los Juríes hasta Bandera, el campo vuelve a demostrar que la naturaleza siempre tiene la última palabra. Y que detrás de cada cosecha existe una historia de esfuerzo, incertidumbre y perseverancia que se escribe todos los días en el corazón productivo del interior santiagueño.
Por: Christian Emanuel Andrada – Revista Campo para Todos









