Revista Campo para Todos N° 191 – Febrero 2024

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La ganadería santiagueña: pasado, presente y futuro

¿Podrá transformarse la ganadería santiagueña en el motor del desarrollo provincial?

Por: Ing. Agr. Carlos Kunst PhD

Se posee información sobre la existencia de vacunos de origen europeo desde el siglo XVI para Santiago del Estero. A fines del siglo XIX, Gancedo (1885), en su ‘Memoria descriptiva sobre la Provincia se Santiago del Estero’ comenta: ‘Nuestros sencillos sistemas de crianza son siempre los primitivos, los que se reducen a soltar las vacas en el campo, que allí aumentarán’. ¿Es posible todavía hoy aplicar ese enfoque productivo?

Al iniciar esta serie de artículos en ‘Campo para todos’ sobre la ganadería santiagueña es bueno revisar algunos conceptos técnicos del pasado y presente y analizar su aplicación para el futuro.

Semblanza de la ganadería santiagueña

Históricamente, la actividad ganadera en la provincia se ha encarado con dos enfoques, que conviven aún hoy:

‘Tradicional’. La alimentación (cadena de pastoreo) es lo que ofrece la vegetación nativa (‘monte’: pastos, latifoliadas, arbustos y árboles). En la práctica, consiste como se dijo, en ‘largar’ los animales a campo abierto, con preferencia en áreas ‘pastosas’, ‘cosechando’ la producción de carne una vez al año, cuando se desteta o se venden animales.

El manejo del rodeo está basado en aguadas naturales y el servicio de toros ocurre todo el año. El apotreramiento es poco o nulo. Este manejo no tiene en cuenta los descansos para las pasturas, y se hace un uso indiscriminado del fuego para lograr forraje verde durante el invierno y primavera, la época crítica. La oferta de biomasa herbácea está sujeta a los vaivenes del clima estacional y anual.

Vegetación nativa actual de Santiago del Estero. Dominancia de leñosas, especialmente arbustos, que compiten por el espacio con pastos y otras leñosas deseables. Se observa el reducido tamaño de las matas de pastos (frente), así como la dominancia de especies leñosas con espinas (atrás).

 ‘Actual’. Este enfoque utiliza herramientas como apotreramiento, aumento del número de aguadas para pastorear de manera más eficiente, construcción de instalaciones (mangas), servicio estacionado, etc. La alimentación se basa en la implantación de pasturas anuales (sorgo, maiz) o de especies exóticas. Las mas difundidas son Megathyrsus máximum cv Gatton Panic, Cenchrus ciliaris (pasto búfel) y Chloris gayana (Grama Rhodes). La existencia de esas especies en el mercado tiene como consecuencia que los anlmales destinado al destete puedan ser retenidos en los establecimientos y obtener así mejor precio.

¿Genética o pasto?

Las circunstancias climáticas, las plagas y enfermedades (ej. garrapatas, babebiosis) hicieron que, durante muchos años, la ‘mejora’ de la ganadería local fuera a través de la búsqueda del animal ‘adaptado’ a la región chaqueña. Se tomó como referencia las razas británicas, descartándose así la raza criolla, que había sido seleccionada para la región por el azar durante casi 3 siglos.

Se han hecho avances significativos en la incorporación de genética animal para hacer frente al clima y a enfermedades. Pero. se debe tener en cuenta que el vacuno, sea de la raza que fuese, es una cosechadora de biomasa vegetal (el pasto). En ganadería de cría (producción de carne en forma de terneros), el incremento del número de cabezas (el rodeo) en una superficie constante, está asociado básicamente al rendimiento de la pastura y a la oferta de forraje (la receptividad), A más forraje, mas animales, y por lo tanto, potencialmente, más carne (= terneros) para la venta.

Al recorrer los campos santiagueños se observa que la oferta de forraje (= comida) es baja. ¿Esa falta de forraje es ‘normal’, intrínseca, resultado de la aptitud agroecológica (lluvias y suelos), o es producto de alguna otra razón que puede ser modificada por el hombre?

Actualmente, la vegetación nativa chaqueña está dominada por leñosas arbóreas y arbustivas. Estas formaciones vegetales presentan dos limitaciones severas para la actividad ganadera de cría, que son:

  • Oferta de forraje herbáceo es casi nula, lo que resulta en una receptividad inferior a 30 ha/Unidad Ganadera o menor, muy por debajo de la aptitud del ecosistema, otorgada esta por la precipitación y la luz solar disponibles, y la fertilidad de los suelos.
  • Problemas de acceso y tránsito para personal y hacienda debido a la alta densidad de leñosas. especialmente de arbustos, que puede superar las 5000 plantas/ha. La estructura leñosa hace que la(s) planta(s) permanezca más o menos intactas mucho tiempo después de muertas.

Los tipos actuales de vegetación nativa chaqueña (bosques, arbustales, sabanas invadidas, etc.) son sobre los que se debe implementarse la ganadería porque representan la mayor superficie.

¿Qué hacer entonces?

La presencia de leñosas nativas y su integración a la actividad ganadera representan un desafío por sus implicancias productivas y ecológicas. Las leñosas arbóreas y arbustivas forman parte de los ecosistemas nativos de la región, cumplen diversas funciones y presentan ventajas (beneficios) y desventajas (perjuicios) para el ecosistema y el desarrollo de la ganadería. Mientras que el enfoque ‘tradicional’ utiliza algunos de los servicios que brindan las leñosas (principalmente el forraje), el ‘actual’ tiende a ignorarlas y las considera un obstáculo que debe ser removido, una ‘maleza’. El ´problema’ de las leñosas en el Chaco es compartido con otras áreas semiáridas y subhúmedas del país y del mundo.

Los productores más afectados por la brecha potencial-actual en la producción de forraje son los pequeños. Esta es la causa detrás de la mayoría de los conflictos por ‘tierras’. El enfoque tradicional que no utiliza alambrados y solo aguadas para manejar la hacienda necesita de mucho ‘espacio’ como campo de pastoreo.

La inversión requerida para la siembra de grandes superficies de pasturas perennes. a cielo abierto es muy grande y escapa a las posibilidades de la mayoría de los productores. Por otra parte, la perturbación utilizada genera cambios no deseados en muchos componentes del ecosistema.

Integración leñosas – ganadería

En forma reciente, el Ministerio de Medio Ambiente de la Nación autorizó el empleo de un nuevo sistema de siembra de pasturas, el Rola de Baja Intensidad (RBI), incluido en un sistema de producción denominado ‘Manejo de bosque con Ganadería Integrada’ (MBGI), basado en conceptos de sustentabilidad integral: ecológica, social y económica. El RBI es una herramienta clave para el éxito del MBGI.

La ganadería santiagueña necesita forraje. Los costos asociados a la implantación de pasturas para ganadería hacen que el RBI sea una opción viable aceptada por distintos sectores, desde los productivos hasta los conservacionistas.

El RBI necesita de un análisis profundo en sus aspectos teóricos y prácticos para su éxito. En sucesivas notas en esta revista se ampliarán con mas detalle esos aspectos para que la práctica sea un éxito.

Publicado en Revista Campo para Todos N° 179 ©

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