Revista Campo para Todos N* 221 – Agosto 2026

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Alfalfa: un cultivo en auge que desafía y proyecta futuro en Santiago del Estero

En el programa Campo para Todos Streaming, el Ing. Agr. Pablo “Coco” Tomsic compartió una mirada integral sobre la alfalfa, un cultivo que combina tradición, innovación y oportunidades de mercado. Con pasión y conocimiento, destacó que la alfalfa no es solo un forraje, sino un sistema productivo que involucra logística, comercio exterior y trabajo directo con productores.

Un cultivo estratégico en expansión

La instalación de empresas como Megalfalfa Argentina en Santiago del Estero marcó un antes y un después en la percepción del cultivo. Desde 2012, con las primeras prensas en Córdoba, la alfalfa comenzó a posicionarse como un producto de exportación, especialmente hacia Medio Oriente. Hoy, Argentina es reconocida internacionalmente por su capacidad de producir alfalfa de calidad, un saber hacer que sorprende a productores de otros países.

Calidad y exigencia

Tomsic explicó que la calidad de la alfalfa se mide principalmente por dos parámetros: proteína y fibra. Una alfalfa de 16% de proteína puede ser adecuada para camellos o cabras, mientras que una vaca de tambo requiere más del 20%. Además de los valores químicos, los mercados internacionales exigen características organolépticas: color verde, olor fresco y ausencia de materiales extraños. “El saber producir alfalfa de calidad está dentro del productor argentino, aunque muchas veces no lo cuantificamos”, subrayó.

Ing. Pablo Tomsic y Carlos Hamann

Factores de rendimiento y brechas tecnológicas

El especialista señaló que existe una gran brecha entre el potencial productivo y lo que se logra en campo. Mientras los cultivares de punta del INTA alcanzan 22 a 24 toneladas por hectárea, el promedio de los productores ronda las 13 a 15 toneladas. Las causas: baja adopción de tecnología, uso de semilla propia o “bolsa blanca” y escasa fertilización. “La alfalfa también extrae nutrientes, como la soja. Se ven claras respuestas a la fertilización con fósforo y azufre, pero muchos productores aún no lo incorporan”, explicó.

Oportunidades regionales

En provincias del norte como Santiago, Salta y Chaco, la disponibilidad de mano de obra permite mantener la producción de farditos de alfalfa, un formato clave para ferias, exposiciones y actividades ecuestres. Este nicho diferencia a la región frente a las zonas centrales, donde la mecanización y los costos laborales hicieron desaparecer este tipo de producción.

Innovación genética y sustentabilidad

El avance de materiales tolerantes a salinidad, como la Salinera del INTA, permitió expandir el cultivo en áreas con limitaciones edáficas. Además, el programa de mejoramiento busca variedades más adaptables y persistentes, capaces de sostener altos niveles de proteína y fibra durante más tiempo. “La alfalfa es un cultivo perenne que puede dar hasta nueve cortes por año en condiciones óptimas. Su potencial está, pero debemos acompañarlo con manejo y tecnología”, afirmó Tomsic.

Conclusión

La alfalfa se consolida como un cultivo estratégico para Santiago del Estero y el norte argentino. Su versatilidad, calidad y demanda internacional la convierten en una alternativa de alto valor, tanto para el mercado interno como para la exportación. El desafío está en cerrar la brecha tecnológica, incorporar fertilización y genética avanzada, y aprovechar las ventajas regionales.

“El futuro de la alfalfa depende de cómo logremos combinar tradición y tecnología. Es un cultivo que nos desafía, pero también nos proyecta hacia un agro más competitivo y sustentable”, resumió el Ing. Pablo “Coco” Tomsic.

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