Revista Campo para Todos N° 193 – Abril 2024

Revista Campo para Todos N° 193 – Abril 2024

El herbicida 2,4-D

Un enemigo del cultivo de algodón.

Por: Ing. Agr. Mario Mondino. EEA – INTA Santiago del Estero

Repetidamente en todas las campañas algodoneras, tanto en las áreas de riego como en las de secano de la provincia, se presenta el mismo problema en los meses de noviembre, diciembre y enero, representado por la aparición de daños en los cultivos de algodón por efecto de los herbicidas hormonales, principalmente 2,4-D y en menor medida por 2,4-DB.

El ácido 2,4-diclorofenoxiacético (2,4-D) es un herbicida perteneciente al grupo de los fenoxi derivados en donde también se encuentra el 2,4-DB, de acción sistémica y selectiva para el control de malezas de hoja ancha. Situado entre los productos de mayor uso y de menor costo, este agroquímico es uno de los herbicidas más antiguos del país para el control de malezas de hoja ancha.

Foto daños en una planta.

Entre las principales características de este herbicida pueden mencionarse:

  • Es del tipo hormonal, por lo que basta una pequeña cantidad para provocar profundas alteraciones en las funciones normales de las plantas sensibles.
  • Puede ser empleado durante el período de barbecho para mantener el lote limpio de malezas de hoja ancha; y también puede aplicarse en postemergencia, o sea con los cultivos tolerantes a este herbicida nacidos, para controlar las malezas sensibles emergidas.
  • Es de acción sistémica, por lo que una vez aplicado penetra a través de la epidermis y se traslada rápidamente al interior de la planta, siendo muy eficaz en el control de las malezas, aún en condiciones de aplicaciones desfavorables.

Estas características del herbicida le confieren una gran capacidad de control de las malezas objetivos de la aplicación, pero causan año tras año, graves problemas de fitotoxicidad en cultivos sensibles “no objetivo” ubicados a grandes distancias. El algodón tal vez sea el más sensible de todos, pero también son afectados tomate, girasol, sandía, melón. vid, algunas ornamentales y numerosos árboles.

Normalmente el 2,4-D se emplea para:

  1. el control postemergentes de malezas de hoja ancha en cultivos nacidos de maíz, moha, cereales, sorgos forrajeros o graníferos y pasturas a base de gramíneas como gatton, gramma, etc., debido a su excelente control y bajo costo.
  2. en barbechos químicos para mejorar el control de malezas resistentes y de gran tamaño conjuntamente con herbicidas no selectivos (normalmente glifosato), en sistemas de siembra directa, especialmente de soja y maíz.

De las numerosas recorridas efectuadas por las diferentes áreas de producción de nuestra provincia, los muestreos nos indican que probablemente la segunda de las opciones (b), sea la principal causante del problema de fitotoxicidad en algodón y otros cultivos sensibles. Esta práctica implica el uso intensivo de herbicidas previo a la siembra, para “quemar” los vegetales verdes con glifosato más el agregado de 2,4-D en distintas proporciones, con el fin de mejorar el control de latifoliadas de gran desarrollo, para la implantación de cultivos de verano en forma directa, seguido de una segunda aplicación a la semana de un desecante, tecnología conocida como “doble golpe”. Normalmente estos lotes en barbecho son vecinos a lotes de algodón ya emergidos, que por efecto de la deriva física de la pulverización y/o la volatilización del herbicida 2,4-D principalmente, crea serios problemas de fitotoxicidad al algodón, incluso a considerables distancias de la aplicación.

A estas situaciones, principalmente del secano, debe agregarse que en el área de riego se emplea otro herbicida hormonal, el 2,4-DB para el control de malezas de hoja ancha en alfalfa. Normalmente el productor incurre en dos errores:

1) engañarse pensando que el 2,4-DB no es 2,4-D y que por lo tanto se puede aplicar sin dañar a los algodones cercanos y

2) se aplica bajo condiciones no controladas de pulverización (viento, altas temperaturas, etc.) que normalmente causan problemas en los cercanos cultivos de algodón.

Parecidas situaciones se producen con la aplicación de fluroxipir o 2,4-D en el maíz y otros cultivos para el control de sunchillo (Wedelia glauca) y algunas malváceas.

Que daños provoca en el algodón

algodón es extremadamente sensible a los herbicidas 2,4-D; 2,4-DB y otros hormonales, por lo que pequeñas cantidades de estos herbicidas pueden llegar a ocasionar daños en el cultivo. El grado de daño es proporcional a la cantidad de herbicida que llega a la planta y a la etapa de desarrollo en que se encuentra la planta de algodón. Es importante destacar que los tejidos ya formados no son afectados por este herbicida, por lo que el momento en que se ha producido el daño es muy fácil de determinar tanto en el tiempo como sobre la planta.

Los primeros síntomas visuales se observan en la porción superior de la planta. Estos síntomas son muy característicos y fácilmente identificables. Normalmente las primeras hojas que se producen de la yema terminal a continuación de la aplicación del 2,4-D presentan ligeras deformaciones, pero la intensidad de la deformación se incrementa en las hojas subsiguientes. Estas hojas presentan un síntoma característico de torsión hacia abajo conocido como crecimiento epinástico, se tornan muy angostas con márgenes ondulados y encrespados, aparecen ampollas sobre la lámina, los lóbulos se marcan notablemente y se alargan semejando apéndices, nervaduras muy próximas y paralelas y muy notorias como resultado de una limitación del crecimiento del tejido foliar internerval, conocidas popularmente como “hojas pata de rana”. Si las dosis recibidas no son muy grandes, la planta comienza un proceso de “detoxificación”, que poco a poco va revirtiendo los síntomas, para finalmente volver a producir hojas normales.

Podemos encontrar entonces diversos grados de afectación de la hoja según la cantidad de dosis recibida como puede apreciarse en la siguiente fotografía:

Foto 1

El tallo disminuye marcadamente su ritmo de crecimiento, son de menor altura, se forman menos nudos, no hay producción de ramas fructíferas y, si se producen, son de menor longitud y con prácticamente nula producción de frutos, produciendo daños de variable intensidad según la cantidad de producto recibido y el momento de ocurrencia.

Con niveles de exposición bajos, los pimpollos en principio se amarillean y luego se secan. Son de tamaño reducido y a veces quedan adheridos a la planta. Las brácteas de las flores afectadas se modifican en forma semejante a las hojas (largas y delgadas) y los pétalos de la flor se vuelven pequeños. Las flores fuertemente deformadas por lo general no forman cápsulas.

Flores extraídas del mismo nudo y posición de plantas afectadas (izquierda) y de plantas no afectadas (derecha)

Si las cápsulas alcanzan a desarrollarse, son generalmente deformadas, más pequeñas, de apariencia adelgazada, donde uno o más lóculos no desarrollan semillas. Las brácteas se observan lobuladas, alargadas, se fusionan en lugar de separarse y crecen en forma de cubierta alrededor de la cápsula en desarrollo.

El cultivo compensará la pérdida de frutos mediante la generación de más nudos y ramas fructíferas, pero como consecuencia de esto se extiende el ciclo de cultivo, retrasando la madurez del cultivo en aproximadamente un mes.

Cápsulas extraídas de la misma posición de plantas afectadas (izquierda) y de plantas no afectadas (derecha)

Quizás el período más difícil para el productor después de la exposición, es el tiempo que le lleva al cultivo reanudar el crecimiento normal de hojas y frutos. Cuanto mayor sea la dosis recibida, más tiempo llevará comenzar a ver un crecimiento normalizado y mayores serán los retrasos en la madurez del cultivo y la pérdida de rendimiento.

Por ejemplo, si el cultivo es afectado por una deriva de 2,4-D sal amina del 1% de la dosis de aplicación (12,5 ml/ha), los cultivos afectados en forma temprana (2 a 6 nudos), pueden retomar el crecimiento con pérdidas de hasta el 16% y algún retraso en la madurez del cultivo. Pero si la deriva ocurre en pleno pimpollado (12 nudos) puede tener un efecto devastador en las plantas de algodón, con disminuciones en el rendimiento cercanas al 69% comparadas con plantas no afectadas.

El efecto disminuye a medida que las plantas crecen. En 16 nudos, la planta ha comenzado a florecer, tiene un buen sistema de raíces y una mayor biomasa, pero la deriva en estas plantas tiene un efecto menor en los procesos fisiológicos, aunque los síntomas de distorsión foliar son aún evidentes en las nuevas hojas que se formen. No hay un retraso importante en la madurez y los pesos de las cápsulas son similares a los de una planta no dañada. Hay una ligera disminución en el rendimiento producto de una reducción del 7% en el número de cápsulas. A medida que la planta de algodón se hace más madura, es capaz de tolerar un evento de deriva de pulverización

 ¿Cuáles pueden ser las causas del daño?

En todas las campañas se detectan daños en las diversas áreas productoras de algodón de las provincias algodoneras del país, siendo las posibles fuentes de daño, las siguientes:

  1. Aplicación por error del 2,4-D solo o en mezclas, lo cual es poco probable debido a que el producto está muy bien identificado y en la mayoría de los casos, presenta un olor característico.
  2. Contaminación del equipo pulverizador, que había sido empleado previamente para realizar aplicaciones de 2,4-D (o de 2,4-DB). Estos herbicidas se caracterizan por ser de difícil limpieza de los tanques de aplicación, pero en ese caso, el daño estaría confinado a determinados sectores del lote especialmente al comienzo de la aplicación.

Lo mejor es que cualquier equipo utilizado anteriormente para aplicar 2,4-D no se use en algodón. No obstante, si se debe usar el mismo equipo, se deben observar 3 cuestiones: 1) vaciar completamente el equipo luego de terminada la aplicación,

2) cambiar todos los picos y filtros de picos y de líneas y,

3) lavar a fondo antes de aplicar en el cultivo de algodón, empleando amoníaco o productos específicos diluidos en agua para la limpieza de equipos, accionando los agitadores para cargar todas las líneas, mangueras y picos con estos productos, dejándolo actuar por 5 horas como mínimo (lo mejor, toda una noche), luego del cual se debe realizar una aplicación estática para vaciar el equipo.

Se debe prestar especial atención a los pulverizadores que habiendo aplicado previamente 2,4-D, son posteriormente utilizados para aplicar glifosato o concentrados emulsionables, debido a que estos productos parecen ser particularmente efectivos para extraer los residuos de 2,4-D de un pulverizador.

  1. c) Por deriva, que es el movimiento de las gotas a través del aire durante una pulverización hacia un sitio que no es el “objetivo” de la aplicación.

Puede ser de dos tipos:

Deriva física por viento: Esto significa el movimiento de las gotas de pulverización por efecto del viento. A diferencia de la deriva de volatilización (descripta a continuación), la deriva física puede ocurrir con cualquier formulación de 2,4-D (o cualquier otro producto hormonal). La peligrosidad de este tipo de deriva, se incrementa a medida que aumenta la velocidad del viento, las gotas pulverizadas reducen su tamaño (+ pequeñas) y/o se acrecienta la altura del botalón por arriba del canopeo.

Deriva por volatilización: La volatilización implica un cambio de fase, en el que una fase líquida (el herbicida comercial) puede transformarse a una fase gaseosa al aumentar la temperatura o disminuir la presión externa.

Es la más común, y especialmente en su formulación como éster ya que, al ser aplicado en presencia de altas temperaturas, pasa fácilmente a la forma gaseosa (vapor) y dichos vapores pueden ser arrastrados por las corrientes de aire hasta distancias de 10 km e inclusive mayores del área aplicada, provocando daños sobre los cultivos sensibles. Las altas temperaturas, los suelos húmedos y las inversiones térmicas aumentan el potencial de deriva por volatilización.

Capa de inversión

La deriva de vapor se puede prevenir simplemente evitando el uso de formulaciones de 2,4-D que contienen éster butílico. Las formulaciones de amina de 2,4-D tienen una bajísima volatilidad en adecuadas condiciones de aplicación; sin embargo, su uso inadecuado puede volverlas volátiles y provocar daños en el algodón.

Las aplicaciones aéreas causan más deriva de herbicidas que la aplicación terrestre, ya que la pulverización aérea libera gotas más finas, son pulverizadas a mayor altura sobre el cultivo y además crea una turbulencia del aire.

A fin de disminuir estos problemas, se legisló en Santiago del Estero mediante la Resolución B N°022/2004 que establece:

Artículo 1°: “Prohibir en todo el ámbito de la Provincia de Santiago del Estero la aplicación aérea y/o terrestre y/o manual del herbicida 2,4 D (diclorofenoxiacético) en su formación “Éster Isobutilico”.

Artículo 2°: Prohibir el uso del herbicida 2,4-D, en su formulación Sal dimetilamina del ácido 2,4 diclorofenoxiacético en aplicaciones aéreas, en todo el ámbito de la provincia.

Artículo 3°: Cuando se utilice el 2,4-D en su formulación como sal en aplicaciones terrestres se establecen una serie de condiciones obligatorias relacionadas con la comunicación, el uso de la receta fitosanitaria, las distancias de resguardo y las condiciones de aplicación.

Artículo 4°: Restringir el uso de herbicidas a base de Picloran, 2,4-DB, Dicamba y otros de acción hormonal, limitándose a su utilización únicamente en aplicaciones terrestres y mediante la utilización de recetas agronómicas prescriptas por Ingenieros Agrónomos habilitados a tal fin.

Cuando el 2,4-D formulado como sal amina, sódica o colina es aplicado en pulverizaciones terrestres, las distancias límites seguras de cultivos de algodón necesarias para evitar los daños, varían en función de las condiciones ambientales imperantes al momento de la aplicación, pudiendo alcanzar entre los 500 y 2000 metros.

En forma reciente (2019), el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) publicó en el Boletín Oficial, las Resoluciones Nº 466/2019 y Nº 875/2019, que apunta a la eliminación paulatina del uso de 2,4-D en sus formulaciones de ésteres butílicos e isobutílicos. La resolución prohíbe en distintas etapas, la importación, elaboración, fraccionamiento, comercialización y uso de las formulaciones de ésteres butílicos e isobutílicos de Ácido 2,4-Diclorofenoxiácetico (2,4-D). Los plazos de las prohibiciones de SENASA para el 2,4-D éster butílico e isobutílico son las siguientes: 120 días desde la publicación (04/2019) para su importación (o sea ya no se puede importar), 365 días para su elaboración y fraccionamiento (vence el 04/2020) y 730 días para su comercialización y uso (vencen el 04/2021). Y agrega: “A partir de esa fecha, se producirá la baja automática de dichos productos en el Registro Nacional de Terapéutica Vegetal a cargo de la Dirección de Agroquímicos y Biológicos dependiente de la Dirección Nacional de Protección Vegetal del SENASA”.

Sin embargo, una nueva amenaza se cierne sobre el algodón con la posible aprobación de las sojas resistentes a productos hormonales, como lo es la soja “Xtend”, con genes de resistencia a Dicamba (dmo) y glifosato (cp4-epsps), y la soja “Enlist”, con genes de resistencia a 2,4-D (aad-12), glifosato (2mepsps) y glufosinato de amonio (pat). Muchos productores ven con buenos ojos estas nuevas semillas que acumulan resistencias, pues les daría más herramientas para combatir las malezas resistentes al glifosato, que se han transformado en uno de los grandes problemas de la agronomía a nivel global. Piensan que, empleando diversos modos de acción, será más fácil limpiar el campo de las malezas resistentes. Estas sojas actualmente están aprobadas para su cultivo en EE.UU., Canadá y Brasil y recientemente, China aprobó la importación de soja que contenga estos eventos biotecnológicos, pero en Argentina solo ha sido aprobada la soja “Enlist”, aunque el evento no ha sido liberado para su comercialización, argumentando la empresa que no existen protección a la propiedad intelectual en el país.

Recordemos que:

– En Santiago del Estero contamos con una Ley Provincial de Agroquímicos (Nº 6312), reglamentada mediante el Decreto Serie “A” Nº 0038, la que implementa importantes mecanismos de control (registros varios, verificaciones, inspecciones, receta fitosanitaria, habilitación de profesionales Ingenieros Agrónomos, etc.) que deberían evitar los daños que el algodón y otros cultivos, sufren campaña tras campaña, comprometiendo el futuro de los mismos. Nadie puede alegar su desconocimiento.

– Las normativas antes mencionadas deben servir para preservar la salud de la población y del medio ambiente, a través de la implementación de los controles correspondientes para el cumplimiento de las mismas, aplicando las sanciones que correspondan a quienes irresponsablemente producen daños por negligencia o desconocimiento.

– El uso seguro de fitosanitarios solo puede estar en manos de profesionales Ingenieros Agrónomos habilitados y preparados durante años para conocer a fondo todos los beneficios que su uso puede representar, pero también los riesgos de toxicidad que puede acarrear.

Publicado en Revista Campo para Todos N° 144. 

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